Tecnología Hot

El sector tecnológico es uno de los más atractivos para la mayoría de los inversores de Capital de Riesgo. Pero no siempre se entiende cuál es la naturaleza de tal atracción y a menudo se piensa que cualquier emprendimiento tecnológico es necesariamente una promesa de éxito. En las próximas líneas, intentaremos conocer un poco más al respecto.
Silicon Valley es el centro mundial de las inversiones de Capital de Riesgo. Es el análogo de lo que significa Wall Street para las acciones que cotizan en la bolsa de valores. El término, traducido como “Valle de Silicio”, fue acuñado por un periodista allá por 1971 en honor a la popularidad alcanzada por la sorprendente concentración de empresas relacionadas con la tecnología que por aquella época se dedicaban principalmente al desarrollo productos basados en semiconductores, dando origen a firmas como Hewlett-Packard (impresoras) e Intel (procesadores para computadoras) entre otras.
Pero el auge del silicio fue solo una de las tantas buenas etapas que vivió la zona de la Bahía de San Francisco, que ya había sido testigo del fenómeno de la Fiebre del Oro a mediados del siglo XIX. Más recientemente honró su fama de “caliente” dando origen a las más grandes fortunas contemporáneas seguida por la mayor de las crisis financieras ocurrida desde la Gran Depresión de 1930. Este último episodio fue conocido como la “burbuja de las punto com”, una exacerbada compulsión por invertir en empresas vinculadas a Internet que sentenciaba la obsolescencia del mundo conocido hasta entonces para forjar la llamada Nueva Economía, mediante la utilización de un pilar tecnológico, hasta ese momento no tan popular y naturalmente más intangible que en el caso de los semiconductores, conocido como “software”.
Tecnología Soft
“Software” es un concepto abstracto que sugiere la materialización de expresiones lógicas y datos. Representa una de las maneras más eficaces de pragmatizar razón y conocimiento. Este enfoque es tan rebuscado como potente ya que nos permite fantasear con la idea de convertir al conocimiento (o parte de él) en un activo o en un producto.
Entonces… ¿porqué la tecnología se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para los inversores?
Hagamos algunas comparaciones a fin de contrastar el potencial de distintas alternativas a las que habitualmente se tiene que enfrentar un inversor:
Imaginemos que estamos frente a la posibilidad de invertir en un emprendimiento para fabricar paneles fotovoltaicos que producen un 18% más de energía solar por cada metro cuadrado que cualquier otro panel que exista actualmente en el mercado. No cabe duda que estamos ante la oportunidad de involucrarnos en un negocio con un futuro prometedor: hay una clara tendencia a suplantar a las fuentes de energía fósiles por alternativas de energía renovable, y es claro que tal negocio introduciría una mejora útil a cualquier punto del planeta que consideremos. Pero también es cierto que, para lograr una fabricación en serie de los paneles, se necesitaría como mínimo la instalación de una planta, y cada nuevo producto requiere de altos costos originados por insumos y producción. Esto implica una fuerte inyección de capital inicial y altos costos de fabricación de nuevos productos, que se suman a un tiempo relativamente extenso para la elaboración de cada nueva unidad. Después de tener construido el panel, la logística deberá resolver la manera de trasladarlo hasta el destino del cliente.
En contraposición a eso, un software no requiere de la instalación de una planta (es bien conocido el mito de las empresas tecnológicas nacidas en un garage), y en cuanto a la generación de nuevas unidades de un producto, normalmente es sólo una cuestión de segundos y a un costo tendiente a cero (en muchos casos, es suficiente con replicar algunos “gigas” de información). La logística se resuelve por Internet. Más aún, cuando hablamos de software no es necesario tener un producto terminado para que pueda ser utilizado, por lo que es posible comenzar su comercialización aún cuando está en etapa de desarrollo.
Hasta acá vimos un ejemplo en donde la tecnología intangible tiene varias ventajas frente a la tangible. Pero ¿cualquier modelo de negocio basado en tecnologías intangibles es igualmente prometedora para el inversor? Ciertamente no. Veamos otro ejemplo:
Imaginemos que estamos frente a la posibilidad de invertir en un emprendimiento para proveer servicios de entrenamiento ejecutivo o coaching a través de Internet con herramientas de E-Learning. Sin dudas podemos apalancarnos en las bajas barreras financieras para lanzar el negocio, y contar con los beneficios de la utilización de tecnología para lograr importantes ahorros en traslados e instalaciones. Pero en este negocio es dependiente de la contratación de personal calificado para la realizar la adecuada provisión de servicios, por lo tanto, el potencial del proyecto enfrenta una dificultad similar a la mencionada en el ejemplo anterior: si asumimos que un coach puede ser asignado a un máximo de 10 ejecutivos distintos al mismo tiempo, entonces un aumento de demanda implica un aumento en la cantidad de personas que deberán integrar el equipo de coaches para satisfacer tales necesidades (la relación entre ejecutivos y coaches difícilmente pueda superar la relación de 10 a 1).
Ahora imaginemos una aplicación online que permite llevar la Contabilidad de Gestión (que aplica para cualquier país) en la cual cada empresa genera una cuenta y paga sólo por lo que usa (modelo de Software como Servicio). Un mismo producto de software brinda servicios para muchas empresas, y así, mayor demanda no necesariamente implica mayores costos. Sólo aquellos emprendimientos basados en productos tecnológicos que permitan “desarrollar una vez, y vender muchas” son las que presentan oportunidades verdaderas de lograr negocios muy rentables propiciando que las ventas se disparen de manera instantánea y con costos relativos achatados respecto de los ingresos.
La tecnología no es todo
En este punto, no hemos llegado siquiera a evaluar una idea concreta, pero ya tenemos algunas evidencias muy simples que nos muestran cómo es que un negocio cualquiera puede heredar fácilmente el potencial y el glamour que caracteriza al software en sus distintas facetas. Pero este mismo párrafo puede hacernos caer en la falacia de creer que un negocio, por el sólo hecho de utilizar o estar basado en tecnología, está condenado al éxito gracias al bajo capital requerido para lograr un primer producto vendible, a su réplica inmediata de los productos a costo cero, al efecto viral de promoción, etc. y exactamente esa fue la percepción que tenían los inversores de Capital de Riesgo y de Wall Street cuando pagaban valuaciones irracionalmente altas por empresas tecnológicas que no ofrecían ni propuestas de valor diferencial, ni capacidad de management, ni modelo de negocios…. ni ingresos. Ofrecían solo la oportunidad de subirse a la ola “punto com”, y su resultado ya es conocido por todos.
Los negocios basados en tecnología siguen siendo hoy uno de los más atractivos para invertir y los motivos son los mismos que dieron origen a las “exuberancias irracionales” (como diría Greenspan) anteriores. Solo que ahora, además de “bits” y de “gigas” también se habla de planes, de gente y de modelos… factores que suelen ser críticos para emprendimientos de cualquier industria, pero ahora balanceado con el potencial que brinda la tecnología.

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