El mito de la historia de éxito

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Me encanta leer sobre las historias de éxito de emprendedores. Gente que empezó de abajo, que arriesgó una vida llena de comodidades por una idea en la que nadie creía y, zaz!! poco tiempo después sale en una revista contando cómo llegó a convertirse en millonario comenzando desde el garage de su casa. Me fascina. Es muy motivador. Me entusiasma como lector, como inversor, y como emprendedor. Pero a veces la historia suele adaptarse ligeramente para que cause este efecto. El problema, es que para mejorar nuestra capacidad de invertir, no nos alcanza con una historia asi. Tenemos que aprender a ver también lo que hay detrás de eso. Le comparto algunos ejemplos como para empezar a tener en cuenta:

– Lo primero y principal es que la venta de una empresa es un suceso poco frecuente. Quien lo logra es merecedor del reconocimiento (social, monetario, etc.) por haber construido algo que tiene valor para la sociedad y para el mercado. El dinero que el fundador recibe por la venta, es el precio que el comprador paga por adquirir ese valor construido.

– Sin embargo, quienes invierten en emprendimientos, no debieran esperar que esto ocurra en todos los casos. Aunque es muy difícil tener una cifra objetiva clara, muchos analistas coinciden en que sólo entre un 10 y un 15% de las empresas que reciben financiamiento, logran vender la empresa en sus primeros años. Otras, tendrán que esperar algo de tiempo aún cuando les vaya bien. Es decir, por cada historia de éxito, hay muchas otras que no han llegado a ninguna parte.

Las empresas no se venden necesariamente en su mejor momento. En el imaginario colectivo, una historia de éxito consiste en que un fundador visionario desarrolla algo que puede cambiar una industria o al mundo mismo, entonces llegan los apoderados de las grandes corporaciones con sus maletines llenos de billetes a comprárselo a cualquier cifra. Lo cierto es que el camino del emprendimiento tiene altibajos. A veces el emprendedor puede sentir que no está en el proyecto correcto, o que no tiene la capacidad para hacerlo crecer más, o simplemente ya tiene ganas de venderlo. En estos casos, el mismo fundador sale a buscar la venta al mejor postor. Tal vez en un momento inoportuno del mercado, tal vez cuando no pueda obtenerse el mejor valor por la empresa. Pero este es también un caso frecuente.

Cada vez que una empresa recibe inversión, suele dar un porcentaje accionario a cambio. Cada vez que esto pasa, los fundadores e inversores iniciales se quedan con menos porcentaje (a menos que sigan aportando más dinero también). Esto significa que un fundador puede llegar a tener menos del 20% de la compañía que él fundó al momento de venderla, y así quedarse con una participación minoritaria del reconocimiento económico.

Es muy habitual que una empresa que compra a otra, pague una parte en efectivo y otra parte con acciones de su propia empresa. Por ejemplo, la empresa A compra a la empresa B en USD 10 millones, pero paga USD 3 millones en efectivo y el resto con acciones de la empresa A, que están valuadas en USD 7 millones. Este es un escenario frecuente. Quienes reciben las acciones, normalmente no las pueden liquidar. Deben conservarlas por un tiempo. Así, si la empresa A sigue creciendo, estas acciones subirán de precio. De esta forma, quien venda su empresa, debe asegurarse que las acciones de su comprador, tendrán una perspectiva favorable en el largo plazo.

– Y tal vez uno de los puntos más importantes es que, quien fundó una empresa, conoce al detalle cada aspecto crítico de su funcionamiento. Por tanto, comprar una empresa sin el conocimiento y el acompañamiento del fundador, puede convertirse en un muy mal negocio. Normalmente, cuando el rol del fundador sigue siendo un activo crítico para el funcionamiento de la empresa (lo cual es normal cuando las empresas son pequeñas), se hace la compra con la condición que el fundador siga trabajando un tiempo en ese puesto o en alguno muy relacionado, hasta que su conocimiento pueda ser transferido por completo. Esto puede llevar de 1 a 3 años. Eso significa que, aún vendiendo la empresa, el fundador sigue cumpliendo su rol por un tiempo. Usted pensará, ¿Y si renuncia después de venderla? Sí, puede hacerlo. Pero normalmente, el precio que el vendedor paga, es desembolsado “en cuotas” a medida que transcurre este período de transición a condición que el fundador continúe trabajando. Si el fundador renuncia a su puesto en forma temprana, pierde de cobrar una parte importante de la venta. Este aspecto, es algo que todos los involucrados (fundadores e inversores) deben tenerlo claro desde el primer día para no tener problemas cuando llegue el momento de decidir.

Las historias de éxito siguen teniendo el profundo mérito de haber construído algo que tiene valor para la sociedad y para el mercado. Es para entusiasmarse y celebrar. Es motivador y contagioso. Cuantas más historias de éxito, más personas habrán de intentarlo para hacer que cada caso sea mejor. El camino no es sólo la parte glamorosa que se suele mostrar públicamente, pero cuando se hace con pasión, todo vale la pena; y cuando el inversor invierte con una mirada más realista, se alinean mejor las metas y las expectativas. Por eso, conocer un poco más del detrás de escena, ayuda a hacer cada vez mejores inversiones.

En Twitter @sportega

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