Si me necesitás, no estoy

Game-Start - 336

Tal vez suene un poco controversial el tema de esta ocasión. Pero ha sido, en nuestra experiencia, una de las mejores lecciones aprendidas desde que empezamos a invertir en startups.

Por definición, el Inversor Ángel no sólo aporta dinero a una compañía que está dando sus primeros pasos, sino que además aporta su experiencia, redes de contacto y conocimiento en su área específica. Todos estos aspectos adicionales es lo que da origen al término “Smart Money” en referencia a todo el valor que agrega su participación. La lógica, en forma muy simplificada, es la siguiente: el emprendedor tiene una idea innovadora y muchas energías, pero poco dinero y experiencia. El inversor tiene dinero y experiencia, pero no tiene la idea, y si la tuviera, no tiene las energías para construir una compañía desde cero. Esto no siempre es así, pero sirve para lo que queremos explicar. No hay dudas que la combinación de fuerzas entre el emprendedor y el inversor, le daría al emprendimiento posibilidades infinitas de crecer.

Sin embargo, la realidad no siempre es tan perfecta.

Me pasa frecuentemente que cuando estoy en conversaciones con algún emprendedor que tiene entre manos un negocio muy atractivo, llega el momento en que le pregunto: “¿Cómo van a contactar a los potenciales clientes? ¿Cómo planean conseguir el dinero restante de la ronda, es decir, más allá del que eventualmente podríamos aportar nosotros?”, y más de una vez alguien respondió: “Cuento con que ustedes nos ayuden con estos aspectos”. En síntesis, la sinergia que el emprendedor esperaba consistía en que éste se pueda encargar del desarrollo de la idea/producto, mientras que el inversor (en función de su experiencia y/o red de contactos) aporte los aspectos clave para conseguir más inversión y vender lo que sea que la empresa haga.

El problema que encuentro en tener expectativas como estas, es que el inversor generalmente no tiene las energías ni tiempo para “tomar el liderazgo” (iniciativa en crear, probar, analizar, probar otra vez, etc.) en el desarrollo de ciertas áreas de la compañía. En las empresas innovadoras, no hay ninguna fórmula que funcione por sí sola. Normalmente, cuando se desarrolla un producto innovador, el valor de la compañía está en encontrar la solución adecuada, a la necesidad adecuada, y poder ofrecerlo adecuadamente a un precio adecuado. Todo esto se consigue haciendo evolucionar ideas una y otra vez. Por tanto, la esperanza de que un inversor, por más experiencia que tenga, pueda resolver estos aspectos, no lleva a ningún otro lugar más que a la frustración de todas las partes.

En este modelo de colaboración entre el emprendedor y el inversor, nosotros reconocemos nuestras limitaciones de poder serle útiles a las startups que tienen estas expectativas. En nuestra evolución, tuvimos que aprender a definir (para nosotros internamente y para los emprendedores con los que hablábamos) que sólo podíamos participar en compañías que tengan todas sus estrategias diseñadas, con un liderazgo integral por parte de los fundadores y, en caso que sea posible, ayudar o apalancar la inercia que el emprendimiento traía por sí mismo. De no ser así, nuestra recomendación sería siempre explorar la posibilidad de pasar por un programa de aceleración que los ayude a completarse como empresa.

Esta definición por parte nuestra respecto de nuestro alcance, implicó enfocarnos en compañías que ya tenían un mercado desarrollado, con un equipo completo y con estrategias definidas, capaces de resolver sus desafíos críticos sin necesidad de nuestra ayuda. Al invertir en proyectos con estas características, nuestra participación fue mucho más acotada, y logramos nuestro objetivo fundamental: aumentar el potencial de rendimiento, con un menor nivel de riesgo… exactamente lo que nos propusimos hacer desde el primer día.

En Twitter @sportega

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