¡Qué sorpresa! Y ahora… ¿qué hacemos?

¡Qué sorpresa! En días como el de hoy se pone verdaderamente a prueba todo lo que venimos compartiendo sobre inversiones en los últimos años ya que, en contra de la mayoría de los pronósticos, el imprevisible Donald Trump se consagró como el próximo presidente de los Estados Unidos en un final apasionante. Confieso que me quedé despierto hasta las 5 de la mañana para seguir minuto a minuto este momento histórico.

Hoy las bolsas abrieron a la baja. Durante el recuento de votos, cuando se anticipaba la victoria de Trump, los futuros de S&P 500 (como era fuera de horario para las bolsas, es el dato que más se aproxima al comportamiento del mercado) habían llegado a caer un 5%, al punto que se suspendieron las transacciones ya que esa es la máxima caída permitida por el sistema.

Hoy el mundo está shockeado con la noticia porque no se esperaba que el resultado final fuera ese. Acá tenemos lo primero importante a tener en cuenta: gran parte de la reacción negativa se debe al desconcierto que genera la “sorpresa” respecto del resultado que los mercados estaban esperando. Otra parte se debe a la incertidumbre que genera la personalidad de Trump como presidente, y ya sabemos que a los mercados no les gusta la incertidumbre. Pero todavía, poco de las reacciones se debe a evidencias concretas.

El premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, fue el creador del concepto de “Ilusión de Enfoque” que consiste en la tendencia a sobre-dimensionar el impacto de aquellas cosas en que estamos pensando o estamos preocupados. Él dijo: “Nada en la vida es tan importante como lo crees en el momento en el que estás pensando sobre ello”. Al parecer, todo aquello en lo que pensamos intensamente, se vuelve desproporcionadamente importante cuando imaginamos cómo afecta a nuestro bienestar.

Sin embargo, los seres humanos tendemos a acostumbrarnos rápidamente a los cambios, simples o extremos, aún si nunca los hubiéramos imaginado.

En 1978, los investigadores Brickman, Coates, y Janoff-Bulman presentaron un trabajo llamado “Ganadores de loterías y víctimas de accidentes: ¿la felicidad es relativa?” (puede descargar el trabajo desde aquí – en inglés-) en donde hicieron un seguimiento a personas que habían ganado la lotería, y a personas que habían quedado parapléjicas luego de un accidente. Lo sorprendente, es que luego de 1 año, ambos grupos volvieron a manifestar los mismos niveles de felicidad que los que tenían antes de ser afectados por estos eventos extremos que cambiaron sus vidas. Los psicólogos llaman a este efecto: Adaptación Hedónica, y refleja bastante bien los altibajos que atraviesan los inversores, tanto cuando ganan como cuando pierden. Pero este proceso se da en el largo plazo. ¿Qué ocurre en el corto?

En el corto plazo, tomamos decisiones en forma sesgada, usando atajos, y afectados por nuestras emociones. Esta fue la conclusión principal del mismo Kahneman, que ganó el tan afamado premio en el año 2002 justamente por haber integrado conceptos de Psicología con la Ciencia Económica. Solo con el correr del tiempo, comenzamos a procesar la información que nos rodea con un enfoque más racional.

¿Para qué nos sirve saber todo esto? Yo lo describiría así: en el corto plazo, los inversores se van a tomar las novedades de forma dramática. Juzgarán cada suceso como si fuera el fin del mundo o la salvación misma (“Ilusión de Enfoque” de Kahneman). Sin embargo, pronto recobraremos el bienestar, incluso si no se han reparado las circunstancias que nos afectaron, tal como en los casos de los ganadores de loterías y los accidentados. Y ésta será una de las oportunidades únicas que tiene un inversor para aprovechar, ya que en el largo plazo los mercados tienden a equilibrarse en su valor justo, despojados de las emociones tremendistas que puedan afectarlos hoy. Es decir, si el mercado bajara un 20%, tarde o temprano los recuperará cuando los inversores puedan digerir el shock de las elecciones. Si los mercados han seguido subiendo luego de 2 guerras mundiales, y varias crisis financieras, también seguirán subiendo luego de una elección presidencial. Por eso, si de aquí en más el mercado baja mucho, compre. Si sube mucho, venda.

Eso sí. Nunca trate de adivinar el futuro. “El inversor ha perdido mucho más dinero tratando de adivinar las crisis, que lo que efectivamente se ha perdido en ellas”, dice Peter Lynch.

Pase lo que pase en los mercados, no debe dejarse influenciar por el miedo o la exaltación, sino buscar las oportunidades para cuando todo vuelva a la normalidad.

En Twitter @sportega

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