“Simplemente, no lo sé”

Siempre recuerdo que cuando empecé a estudiar informática, hace casi 20 años atrás, había muy pocas personas que estaban familiarizadas con el tema. Por entonces, cada evento social en donde me tocaba comentar lo que hacía, solía recibir como respuesta: “¿Informática? ¡Ah! Vos sabés que hace unos días que mi computadora anda lenta. ¿Sabés cuál antivirus le tengo que instalar?” Nota: en esa época todo se resolvía con algún antivirus, hoy todo se resuelve con una técnica algo más sofisticada: apagando y prendiendo aquello que esté fallando. Lo cierto es que podían existir decenas de causas de diversa naturaleza para ese mismo síntoma, no había una respuesta única. ¿Será realmente algún virus? ¿Será la memoria? ¿Será que algún programa está perjudicando a los otros? Yo no podía ser verdaderamente útil sin dedicarle tiempo a investigar el tema, y aún así, no podría estar seguro de arribar a una solución ya que esa no era mi especialidad.

Aunque pocos lo entendían… ¡eso no tenía nada que ver con lo que yo estudiaba! No tenía ni idea acerca de qué hacer aunque dedicara horas a mirar la pantalla revisando archivos y configuraciones. De hecho, cuando mi propia computadora fallaba, la llevaba al especialista. Pero por alguna razón, resultaba chocante si a alguna persona le respondía con las mismas tres palabras antipáticas: “No lo sé”.

Hoy, ya con algunas canas que delatan el paso del tiempo, me cruzo a diario con consultas del tipo: “Tengo acciones de XYZ que vienen bajando un 15% desde que las compré. ¿Debería conservarlas o venderlas?”, y no puedo evitar revivir con simpatía mi época de programador. “Me encantaría saberlo, pero no tengo ni idea”, pienso.

Me apasionan las inversiones. Es aquello a lo que me dedico mañana, tarde y noche. Al día de hoy sigo de cerca unas 100 empresas: 30 son startups en las que ya invertimos desde South Ventures; alrededor de 20 más son aquellas que estamos considerando para participar en algún momento; otras 20 son las que hoy forman parte de mi portafolio de empresas que cotizan en la bolsa, y otras 30 a las que estoy esperando incorporar para mi portafolio personal y para nuestro Hedge Fund (Grit Fund) cuando vuelvan a un precio atractivo. Sin embargo, hay cerca de 8000 acciones cotizando en Estados Unidos y algunos estiman que hay más de 100.000 acciones cotizando alrededor del mundo. ¿Cómo podría alguien ser capaz de evaluar a cada una de ellas? No solo no es posible, sino que tampoco es necesario. “Poseer acciones es como tener hijos: uno no debería tener más de los que puede cuidar”, dice Peter Lynch. Le cuento con un ejemplo a continuación.

Imagine que se le acercan dos jóvenes a ofrecerle el siguiente trato: si usted les paga sus estudios, recibirá a cambio el 10% de todo los ingresos que generen en su vida. Pero usted tiene dinero para pagarle enteramente a solo uno de ellos o bien repartirlo entre ambos, en cuyo caso recibiría un monto proporcional de cada joven (dejaremos de lado por un momento los beneficios que trae la educación para concentrarnos en el ejercicio económico).

Uno de los jóvenes se dispone a estudiar psicología, y el otro ingeniería. Usted tiene la posibilidad de conocer a ambos en persona y de formularles todas las preguntas que desee. Pero hay un detalle: usted tiene 30 años de valiosa experiencia como ingeniero. ¿Cuál futuro económico cree que podrá evaluar mejor? ¿Cuánto tiempo le llevaría aprender lo suficiente para tener una adecuada apreciación del futuro económico del psicólogo? ¿Realmente podría hacerlo? Ahora imagine que tiene la misma tarea, pero se le presentan 8.000 jóvenes provenientes de más de 200 carreras diferentes. No tendría sentido siquiera intentarlo, ¿verdad? Este es el tipo de desafíos que encuentra un inversor cuando busca comprender el futuro económico de las empresas en el mercado de valores de Estados Unidos.

Para abordar este desafío, Warren Buffett elaboró el concepto de “Círculo de Competencia”, que refiere a que cada inversor tiene un área específica en donde posee una capacidad superior al resto para analizar el negocio. Esto le permite sentirse seguro de comprar cuando la mayoría vende y de vender cuando la mayoría compra. Buffett asegura que no es necesario conocer todas las acciones del mercado sino que es suficiente con elegir un pequeño conjunto de ellas que uno pueda conocer muy bien para poder identificar correctamente las oportunidades. De hecho, el grueso de su fortuna la generó gracias a eso, a conocer muy bien un único tipo de negocio: el de las empresas aseguradoras. Entonces cada vez que le preguntan por algo que se encuentra fuera de su Círculo de Competencia, él dice simplemente “no lo sé”.

Ray Dalio, quien es hoy gestor del Hedge Fund más grande del mundo, Bridgewater Associates, es no solo un gran promotor del Círculo de Competencia, sino que además redobla la apuesta. Una de las más famosas frases de su libro Principios dice:

 

Tenga cuidado de esa gente que cree vergonzoso no saber

 

Es decir, que no solo es importante entender qué es lo que uno verdaderamente conoce y lo que no, sino que además, Dalio considera peligrosa al resto de la gente que no entiende la diferencia.

De todos modos, la confusión es más que entendible. Prácticamente cualquier aficionado a las finanzas suele sentenciar a una acción con “Comprar / Mantener / Vender”. Eso está perfecto para cuando una acción está dentro del Círculo de Competencia, pero es totalmente riesgoso cuando no lo está porque quien pide la recomendación está poniendo en juego su patrimonio.

Yo puedo emitir una opinión sobre alguna empresa que está dentro de mi propio Círculo de Competencia, que incluye a muy poquitas acciones en comparación con todas las que existen en la bolsa de valores de Estados Unidos (cerca del 1%). Del resto, no hay nada útil que pueda decir.

Los motivos para Comprar / Mantener / Vender una acción son muchos. Si tuviera que emitir una recomendación por una acción que no está en mi Círculo de Competencia necesitaría horas y días para empaparme en el asunto, y aún así llegaría a una conclusión con altas probabilidades de error por falta de experiencia en esa industria. Cuando yo estoy interesado en conocer más sobre alguna industria que no conozco, lo primero que hago es acudir al especialista, o dicho de otra forma, a quien tenga esa empresa en su Círculo de Competencia. Algo muy parecido a lo que ocurría a mis 18 años cuando una computadora empezaba a fallar.

Hoy no tengo dudas de que la mejor forma de ayudar a una persona que está pidiendo una opinión de inversión es diciendo “simplemente, no lo sé” y alentar a que busque la opinión de quién sí sabe, aún cuando eso ocurra en el 99% de las ocasiones.

 

En Twitter @sportega

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