Inversiones y corrupción

La semana pasada se filtró un audio en el que, según los medios, se escuchaba al presidente de Brasil, Michel Temer, “pactando el pago de un soborno” (vea la nota aquí). Al día siguiente de haberse conocido el audio, el índice de referencia de la bolsa brasileña, el BOVESPA, se desplomó un 8.8% y el fondo cotizante de Brasil, el EWZ, perdió un 16.3%. Es más que conocida la estrecha relación que hay entre las inversiones y la confianza que se tenga en ellas: la desconfianza destruye valor aunque una empresa genere ganancias.

Cuando invertimos, estamos poniendo nuestro dinero en manos de otro. Por ejemplo: cuando invertimos en empresas, estamos poniendo nuestro dinero en manos de sus ejecutivos; cuando aportamos en un fondo, estamos poniendo dinero en manos de su gestor. Cada uno de los responsables del destino de nuestro dinero tiene lo que se conoce como “rol fiduciario”, que es ni más ni menos que la responsabilidad de defender nuestro patrimonio, y hacer cumplir los fines conforme a la ley, en favor de los beneficiarios.    

Sin embargo, suele ocurrir que los responsables de manejar dinero ajeno toman decisiones que van en contra de aquello que deberían defender. Esto, llamativamente, es más común que lo que parece.

Tres casos que me tocaron de cerca

En el año 2002, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo de entonces, Merrill Lynch, fue condenado a pagar USD 100 millones por “negociar” sus recomendaciones de inversión ¿Cómo es esto? Si la empresa “XX” (que cotizaba en la bolsa de valores) contrataba los servicios del banco, entonces el banco le recomendaba a sus clientes – personas como nosotros- invertir en la empresa “XX”. Claramente, esto generaba más ganancias para el banco a costa de hacer malas recomendaciones a sus clientes. Cuando se supo, la acción perdió un 20% en un día. Por entonces, yo era cliente de Merrill Lynch, aunque no compraba sus recomendaciones ni tenía acciones ahí, pero me preocupó pensar que el banco podía quebrar por un escándalo como este (cosa que sí ocurrió unos años más tarde cuando fue absorbido por Bank of America). Puede encontrar más información aquí.

En el año 2008, yo tenía acciones de ETrade, uno de los mejores brokers norteamericanos del momento. A la empresa le iba muy bien: tenía un excelente producto, crecía rápidamente en clientes, y sus finanzas eran impecables, hasta que un fin de semana salió publicado un informe del Citibank que acusaba a la ETrade de haber invertido gran parte de su propio patrimonio en créditos hipotecarios de baja calidad que, como usted sabe, fueron los causantes la última gran crisis inmobiliaria. Sus responsables habían escondido esa información por miedo a que afecte a las acciones de la compañía, pero cuando el informe se dió a conocer, las acciones de ETrade tuvieron una baja de un 60% en un solo día (puede encontrar más información aquí). Es algo que no me voy a olvidar jamás, algún día voy a contar la historia. Finalmente, la empresa fue a juicio y 5 años después cobramos parte de la pérdida por defraudación (ver más). Fue un gran aprendizaje: no hay excelentes rendimientos que compensen el malestar de una maniobra malintencionada.

Hace poco más de un año, le pasó algo parecido a Lending Club, una de las empresas más innovadoras del momento y en la que habíamos invertido desde South Ventures (vea el artículo aquí) antes que comenzara a cotizar en bolsa de Nueva York (NYSE). Lending Club había construido el mercado de créditos más moderno y exitoso que se conociera hasta entonces, uniendo a personas interesadas en prestar dinero por internet, con personas interesadas en obtener un crédito. Lending Club era para los bancos, como Uber para los taxistas. Sin embargo, una auditoría rebeló que la empresa había vendido un paquete de créditos a un gran inversor por USD 22 millones violando requerimientos internos y con plena conciencia de ello. Al conocerse el informe de auditoría, la empresa perdió un 36%. A raíz de esto responsabilizaron a su fundador y director ejecutivo, Renaud Laplanche, quien decidió renunciar a su puesto, provocando una baja del 25% adicional. Puede ver más información aquí.

Es curioso que todos estos casos ocurrieran durante un buen pasar financiero de las empresas. No solo remarco que fueron hechos que violaron el deber “fiduciario” de los responsables, sino que además defraudaron la confianza de sus inversores, de sus empleados, de sus clientes, y de sus proveedores. Pero resulta más desconcertante aún cuando lo hicieron sin ninguna necesidad, haciendo desaparecer todo lo bueno que sí habían hecho.

Esto también le pasa a los mejores

Los actos de corrupción o defraudación son muy difíciles de predecir. A veces no existe la más mínima señal hasta que todo se desmantela de golpe. 

Pero esto no nos pasa sólo a nosotros. Warren Buffett es conocido por invertir en empresas de muy buena calidad y aún así fue víctima de uno de los escándalos más grandes de Wall Street.

En 1987, justo después del crash del petróleo, la empresa de inversiones Salomon Brothers acudió a Buffett para conseguir inversión. Luego de una revisión de sus números, Buffett encontró que la empresa era sólida y decidió invertir unos USD 700 millones. Unas semanas más tarde, la empresa reconoció que había invertido una gran cantidad de dinero en “bonos basura” que se esfumaron durante la crisis. Al parecer, se habían “olvidado de comentarle este detalle” a Buffett cuando le solicitaron la inversión. Inmediatamente después de la noticia, la empresa perdió un 30% de su valor, y en igual medida perdió Buffett, apenas después de invertir (ver más).

Pero eso no fue lo peor.

Unos años más tarde, en 1991, se conoció que Salomon Brothers había estado comprando Bonos del Tesoro de Estados Unidos por montos mucho mayores a los que les permitía la regulación (ver más), y peor aún, con una excesiva cantidad de dinero prestado, logrando un apalancamiento de 37 a 1 y generando un riesgo de explosión que podía desatar una crisis financiera. Sorprendentemente, sus ejecutivos estaban al tanto de todo lo que estaba pasando y no hicieron nada.

Por este motivo, Salomon Brothers fue sometido a juicio y estuvo a punto de entrar en bancarrota. Inmediatamente, sus tres principales ejecutivos renunciaron, y tuvo que hacerse cargo su accionista más grande: Warren Buffett.

Buffett fue el director ejecutivo de Salomon Brothers por nueve meses en donde trabajó específicamente para limpiar las “suciedades” que se habían formado dentro de la compañía (ver más). En una de las primeras reuniones con los gerentes, pronunció una frase que quedó marcada para la historia:

 Si hacen perder dinero a la compañía, podré entenderlo, pero si hacen perder la reputación, seré implacable

Sebastian Ortega, Director Ejecutivo de South Ventures

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