La regla nro. 1 de las inversiones

Warren Buffett suele repetir:

Regla nro. 1: de las inversiones: no perder dinero.
Regla nro. 2: no olvidar la regla número 1.

Esto podría parecer ridículamente obvio para cualquier persona, pero en que cometen los inversores sin darse cuenta. En realidad, es un consejo que intenta reparar uno de los errores más típicos.

Está claro que a nadie le gusta perder dinero. A menudo el inversor está obsesionado con ganar, ganar y ganar. Se entusiasma con un futuro en donde el dinero le sobra, y para ello tiene fe en que sus próximas inversiones le van a dar, tarde o temprano, eso que tanto quiere (dicen que en Wall Street, el trader opera pensando en el auto que va a pagar con sus ganancias). Cuanto más rápido, mejor. Entonces busca inversiones con historial de gran crecimiento. Tan seguro está de lo que quiere ganar que no le teme al riesgo.

El problema surge cuando pierde. Nadie pierde porque quiere, una persona solo pierde cuando algo salió al revés de lo que esperaba. El consejo de Buffett apunta a que muchas veces tomamos decisiones enfocados únicamente en todo lo que podemos ganar, restándole importancia a todo lo que podemos perder. Esta es una situación en la cual decidimos en base a lo que quisiéramos que ocurra, en cambio de decidir en base a lo que realmente pueda pasar.

En ciertas ocasiones, asumimos riesgos por ignorancia. Sin darnos cuenta, invertimos en empresas que están de moda pero que no tienen un negocio rentable, y eso tarde o temprano se corrige. Incluso las buenas empresas ven caer sus acciones cuando están excesivamente caras.

La pérdida trae consecuentemente un duelo. Un duelo es una adaptación emocional a cualquier pérdida. El proceso de duelo pasa básicamente por tres etapas:

Inicial: donde existe una reacción de shock o incluso negación de lo que se ha perdido.

Aguda: donde se siente el dolor por la separación de aquello que perdimos, e incluso se buscan causas y culpables.

Resolución: donde se acepta lo sucedido y se reconecta con la realidad ya sin aquello que se ha perdido.

Luego del duelo, las emociones se estabilizan y volvemos nuevamente a nuestro curso original con fe y esperanza de tener mejores resultados la próxima vez. Y muchas veces así ocurre: nos va bien, ganamos 10, 20, 30% en un año y nos sentimos enérgicos y orgullosos. Volvemos a ganar lo mismo al año siguiente, y nos sentimos como el “Lobo de Wall Street”. Algunos años más tarde, vemos que hemos duplicado nuestro patrimonio y sentimos que nuestros sueños están mucho más cerca de alcanzarse, y hasta sentimos que hemos alcanzado el éxito en las inversiones. Y algo de cierto hay: lograr un 100% o 200% de ganancia en nuestro patrimonio en algunos años, es un enorme éxito para cualquiera que esté en el mundo de las inversiones.

El problema es que muchas veces después de este “éxito” notamos que apenas volvimos a estar en el mismo nivel económico que teníamos justo antes de haber sufrido esa pérdida, pero ya con algunos años de nuestra vida consumidos. Usted lo sabe: si tiene una pérdida de un 50%, necesita ganar por lo menos un 100% para volver a estar en el mismo lugar que antes.

En un momento de reflexión, llegamos a visualizar todo lo que hubiéramos progresado si no hubiéramos caído en esa pérdida (aunque perder alguna vez sea a veces útil, tal como escribimos recientemente, para aprender aquello que no se debe hacer). Y de esto mismo es que intenta prevenirnos Buffettpor cada pérdida significativa, perdemos varios años en intentar recuperarnos. Y los años perdidos no se recuperan.

En las inversiones, cuanto más perdemos, más años tardamos en recuperarnos. Para ponerlo más claro le muestro un gráfico de la evolución del S&P 500 donde se muestra cuánto tiempo le tomó a los mercados volver al mismo nivel que tenían antes de las crisis.

Como puede ver, los mercados se pasan más tiempo perdiendo y recuperando (líneas rojas y amarillas) que verdaderamente ganando (línea verde).

El inversor desprevenido dirá: “entonces, ¡hay que vender todo antes de las crisis!”. Sí, eso sería ideal… en la teoría. En la práctica es simplemente imposible. El detalle está en que las crisis no son predecibles ya que, en los mercados, se forman por la combinación de varios factores, con una gran dosis de azar.

Querer predecir una crisis es como querer predecir un accidente de tránsito: uno puede identificar un auto aproximarse a toda velocidad, pero es casi imposible que distinga un charco de aceite en el piso o problemas con los frenos. Si los accidentes se pudieran predecir, no habría accidentes.

En la calle, un conductor puede controlar la forma en que maneja para tener menos chances de provocar un accidente, y si acaso se viera envuelto en alguno por causa ajena, cuenta con el cinturón de seguridad y con los airbags para disminuir el impacto y no perder la vida en ello.

El cinturón de seguridad de las inversiones

Una de las estrategias más simples para protegerse de las pérdidas es mantener una parte de la cartera en efectivo, sin invertirla. Nosotros invertimos con prudencia para no sufrir un accidente financiero, aunque si nos viéramos envueltos en uno, como una baja fuerte en el mercado, el dinero en efectivo nos mantendría a salvo de sus efectos. Algo así como lo que logra un cinturón de seguridad cuando sufrimos un choque.

Pero a pesar de que esta reflexión pueda parecer obvia, son pocos los inversores que logran tener dinero en efectivo cuando se producen bajas en los mercados. Esto es porque las grandes bajas ocurren justamente luego de largos períodos de alzas y de estabilidad, haciendo que una persona llegue a pensar “a mi no me va a pasar”, y deje de usar entonces el cinturón de seguridad en sus inversiones, es decir, deje de mantener un parte en efectivo.

Cuando los mercados bajan empiezan a aparecer las grandes ofertas en el mundo financiero, pero para entonces pocos tienen el dinero como para aprovecharlas. Es entonces cuando empieza a circular la popular expresión “cash is the king” (“el dinero es el rey”) refiriéndose a que solo quienes poseen dinero pueden hacer los más grandes negocios.

Entonces, ¿cuál es el inconveniente de aplicar esta simple estrategia?

Resulta que el momento de acumular efectivo en la cartera coincide con el momento en que los mercados llevan años de alzas. Pero para ese momento muchos inversores llegan a pensar algo como “el año pasado, la acción de la empresa Netflix subió 55%. Si este año vuelve a subir lo mismo, yo podría ganar 55%. Entonces invertiré todo lo que tengo allí”.

Si bien Netflix puede haber subido bastante y podría seguir subiendo (de hecho, en la primera mitad de este año ya subió más que todo el año pasado), también es probable que en algún momento pierda todo eso que ha subido. Un inversor no es capaz de predecir ninguno de estos acontecimientos, ni las subas ni las bajas en el corto plazo. Solo está a su alcance mantenerse prudente y usar el efectivo por si ocurriera, accidentalmente, el peor escenario… tal como ocurriría en cualquier accidente de tránsito. Ésta es, justamente, la reflexión de hoy.

La Regla nro. 1 de Buffett nos ayuda a pensar más allá de los arranques de entusiasmo que frecuentemente experimentamos, en donde actuamos con increíble inocencia frente a los riesgos que verdaderamente asumimos, y que nos puede costar valiosos años de recuperación.

Sebastian Ortega, Director Ejecutivo de South Ventures

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