El 98% del tiempo solo una cosa importa

La semana pasada, la Argentina se vio envuelta en una silenciosa turbulencia financiera que muy pocos habían podido anticipar. Justo cuando se había asegurado el mega-crédito del FMI y solo quedaba pensar en cómo saldría el equipo de Messi en su primera presentación en el mundial de Rusia, el peso sufrió una devaluación de 6%, acumulando así una pérdida de 40% desde el 25 de abril.

Quienes tenían inversiones en dólares no alcanzaron a sentirse siquiera preocupados: ganaron en 6 semanas lo mismo que hubieran hecho en todo un año con Lebacs, sin hacer nada más que atesorar los dólares. Pero la diferencia muy probablemente haya sido mayor, ya que quienes utilizaron sus dólares para invertir en alguna de las empresas FAANG (FacebookAmazonAppleNetflix y Google) estarán más que satisfechos de ver a sus inversiones batir récords históricos día tras día, mientras que la bolsa argentina lleva acumulada una pérdida de 30% (medido en dólares) en lo que va del año. Quienes invirtieron en dólares en las FAANG, tienen hoy una realidad muy distinta a la de quienes invirtieron en pesos en el Merval.

“Un pescador debe saber pescar dónde los peces están”, suele repetir Charlie Munger alentando a los inversores a buscar oportunidades donde verdaderamente están.

Sin embargo, este comentario banal sobre los mercados está incompleto. Le falta la parte más interesante: quienes invirtieron en dólares en las FAANG, debieron esperar más de un año sin hacer nada viendo cómo los expertos recomendaban pasarse a pesos para invertir en Lebacs para obtener ganancias “seguras” y muy redituables. Un día, sin previo aviso y cuando todo parecía estar bajo control gracias al acuerdo con el FMI, el peso argentino cayó de golpe, evaporando todas las ganancias de quienes habían invertido en esa moneda.

La forma y la velocidad en que ocurrió esta mini-crisis no es una excepción… es la regla. Los períodos de estabilidad suelen ser largos, luego las crisis aparecen casi por sorpresa, duran poco tiempo y tienen un efecto devastador del que toma años recuperarse.

Algunos pierden, algunos ganan, todos eligen

Las crisis no afectan a todos por igual. Generalmente complica a quienes no estaban preparados. Para los demás, suele ser incluso una oportunidad para salir fortalecido.

La última gran crisis se dio en el año 2008, cuando los bancos habían prestado mucho dinero a personas que, en realidad, no tenían capacidad económica para devolverlo. Esto permitía cobrar intereses más altos, por tanto casi ningún banco quería quedarse fuera del negocio.

Uno de los pocos que se mantuvo ajeno a esto fue Goldman Sachs, previendo que tarde o temprano sería un dolor de cabeza. Y así fue. Cuando las personas dejaron de pagar sus créditos, la mayoría de los bancos involucrados desaparecieron, y solo unos pocos resultaron fortalecidos, a tal punto, que terminaron comprando a los bancos moribundos a precios de oferta.

Goldman Sachs es un banco que hemos mencionado varias veces ya que uno de sus principales inversores es Warren Buffett y porque en los últimos años invirtió en una de las empresas de nuestro portafolio.

El CEO de Goldman Sachs es Lloyd Blankfein, quien es considerado uno de los 10 CEOs más poderosos del mundo, y que apareció en una reciente entrevista en la que le preguntaron cuál era la clave de su éxito. Él respondió:

  paso el 98% de mi tiempo pensando en el 2% de las cosas que pueden salir mal

Cuando los mercados crecen, hasta el menos preparado logra ganancias. En las crisis, es cuando los más preparados hacen la diferencia.

Lamentablemente, por más que uno se esfuerce pensando, no es posible predecir las crisis en los mercados. No sabemos cuándo van a ocurrir ni qué impacto van a tener. Solo sabemos que ocurren en promedio cada 10 años y que duran menos de 1 año aproximadamente. Por tanto, suena exagerado que alguien con tantas responsabilidades piense solo en una cosa el 98% de su tiempo, pero creo que sirve como metáfora para destacar que para tener éxito en el largo plazo es fundamental pensar siempre en aquellas cosas que puedan salir mal, aún cuando pueden ocurrir muy de vez en cuando, ya que en estos pocos casos se puede destruir las ganancias de varios años.

¿Cómo podemos ver esto en la práctica?

Le comparto un ejemplo. Esta semana se conoció que Google invirtió USD 550 millones en el gigante del comercio electrónico chino JD.com para financiar su expansión por Europa y Estados Unidos (vea el artículo aquí).

La noticia trascendió como la gran apuesta de Google para competir con Amazon, para lo cual hizo un desembolso enorme de dinero. Será por eso que al día siguiente subieron las acciones de Google y de JD.com.

Sin embargo, para Google esto es apenas un movimiento minúsculo, ya que lo que invirtió es apenas el 0.5% de los USD 102.600 millones que tiene disponible para hacer inversiones. Más allá de que Google haya encontrado sentido en invertir en JD.com, no pierde de vista que la parte más importante de su cartera está hoy en el dinero en efectivo o en inversiones de corto plazo para cuando realmente eso pueda marcar la diferencia.

Esto mismo es lo que puede hacer un inversor individual: invertir, comprar, vender, pero sin perder de vista que el panorama puede cambiar algún día, y que conviene estar siempre preparado. No importa si en el camino aparecen oportunidades “irresistibles”, no importa si pasa más tiempo que el que usted tenía pensado esperar. Si alguna vez duda sobre la necesidad de pensar en el largo plazo, recuerde las palabras de Lloyd Blankfein.

En Twitter @sportega

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