Se viene la oportunidad de la década

Algo importante está pasando en los mercados. Algo que ocurre una vez en cada década y suele marcar el destino de los inversores. A los buenos, los premia; a los malos, los castiga. No hay ensayos previos ni segundas oportunidades. El mundo se empezó a dividir y más vale no quedar del lado equivocado. Para ello, es indispensable mirar más allá de lo inmediato.  

El miércoles 6 de Noviembre, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, envió un mensaje eufórico por Twitter que decía “Los mercados batieron un nuevo RÉCORD HISTÓRICO ayer. Ustedes son muuuy afortunados de tenerme como su Presidente (solo bromeo!) Gasten bien su dinero!” queriendo decir algo así como “vayan y disfruten todo el dinero que les hice ganar” dado que la mitad de la población estadounidense invierte en los mercados (dedicado a quienes dicen que la frase “poner plata en el bolsillo de la gente” es fantasía. ¡Trump lo hizo!).

No es para menos. El S&P 500 registra un 23% de ganancia en lo que va del año (la mayor suba de la actual presidencia), una cifra no vista desde el 2013 cuando el popular índice subió un 30% y se convirtió en el mejor año de la última década. 

Los mercados son una verdadera fiesta. Sin embargo, por alguna extraña razón, el mejor inversor del mundo tomó la decisión de irse de ella. Le cuento.  

El sábado 2 de Noviembre, casi en simultáneo con los nuevos Récords Históricos, se conocieron los balances del mayor conglomerado de inversiones del mundo: Berkshire Hathaway, generando una innumerable cantidad de críticas. 

Lo noticia más relevante fue que Berkshire casi no hizo inversiones en el último tiempo y, peor aún, vendió algunas de las empresas que tenía en su cartera, acumulando la escalofriante suma de USD 128 mil millones en efectivo, equivalentes a 3 veces las reservas del Banco Central de Argentina. De esta forma, Berkshire se convirtió en la compañía que más dinero en efectivo tiene en el mundo superando a Google y Apple.

A pesar que Berkshire se dedica exclusivamente a invertir, esa montaña de dinero está ahí parada sin hacer nada, no da rendimientos, no está ni en bonos ni en acciones ni en índices. La parálisis de quien es considerado el mejor inversor de todos los tiempos está llevando a la compañía camino a conseguir la peor década de su historia (algunos Argentinos estarán tentados a llamarla La Década Perdida).  

Algunos de sus más grandes grandes y antiguos inversores le están dando la espalda a Berkshire vendiendo sus acciones y refiriéndose con desprecio: “Vendimos casi todas nuestras acciones porque Buffett se la ha pasado “chupándose el dedo” sin hacer nada durante uno de los mercados alcistas más grandes y largos de la historia”, dijo frustrado David Rolfe responsable de Wedgewood Partners

Los números le dan la razón a Rolfe: en lo que va del año, las acciones de Berkshire crecieron solo un 5.7%, es decir, un 75% de pérdida frente al fenomenal 23% de ganancia del S&P 500, con el que cualquiera podría haber ganado haciendo una única y simple inversión, y luego ver como su patrimonio crece mientras juega con el teléfono sentado en el sofá del living.

¿Por qué a Buffett no se le ocurrió hacer nada de eso? Si solo hubiera invertido los USD 123 mil millones que tenía en diciembre en el S&P 500 (algo que él mismo recomienda) hoy tendría USD 28 mil millones extras, las acciones de Berkshire hubieran crecido mucho más, no hubiera perdido inversores y podría haber enviados mensajes eufóricos como los de Trump

¿Por qué Buffett no lo hizo? ¿Será que se está volviendo viejo (el año que viene cumple 90 años) y perdiendo sus habilidades? ¿Será que realmente estaba distraído “chupándose el dedo” como dice Rolfe? Todo puede ser. Pero también puede ser que esté pasando algo que suele ocurrir justo antes de los momentos más importantes que puede atravesar un inversor en su vida. ¿Ya se dió cuenta de que se trata?

LO QUE SIEMPRE PASA EN CADA PICO

Cada 10 años aproximadamente, se producen las más grandes crisis que puedan atravesar las bolsas mundiales: en el 2008 se desató la Crisis Inmobiliaria, y en el 2000 la Crisis “.com”. Paradójicamente, cada uno de estos derrumbes fueron precedidos por fuertes alzas que permitieron batir nuevos récords históricos. De ahí el concepto de “burbuja” como algo que se eleva rápidamente por efecto del aire, hasta que en un momento explota.  

En solo 5 meses, desde el 11 de Octubre de 1999 hasta 6 de Marzo de 2000, el NASDAQ (índice de las empresas tecnológicas) llegó a crecer un 74%. Prácticamente cualquier inversor que invirtiera en cualquier empresa de internet (conocida como “.com”) podía duplicar su dinero en cuestión de semanas. Sí… cualquier inversor, excepto Warren Buffett que tomó la decisión de no invertir en ninguna de esas compañías aún en pleno auge. 

Por supuesto, esto le costó recibir críticas de todos los calibres: “¡Está viejo y no entiende la tecnología!” (en aquél momento estaba por cumplir 70 años de edad), “¡Perdió sus habilidades!”, “¡Se está chupando el dedo mientras el mundo evoluciona!”. ¿Le suenan familiares estas críticas? Sus más grandes y antiguos inversores perdieron la confianza en él y comenzaron a vender sus acciones: en 1999 mientras los mercados bursátiles batían récords históricos, la acción de Berkshire bajó casi un 20%, a contramano del S&P 500 que subió un 21%. Buffett, no respondía a las críticas. Desde su oficina en Omaha, Nebraska, se mantenía en silencio y solo se limitaba a acumular dinero en efectivo.  

Cuando la burbuja “.com” explotó al año siguiente, Berkshire era una de las poquísimas compañías que tenía una montaña de dinero en efectivo listo para aprovechar las múltiples inversiones que se ofrecían a precios de oferta. Mientras que el año 2000 fue uno de los peores en la historia de los mercados con el NASDAQperdiendo 40% y el S&P 500 perdiendo 9.1%, las acciones de Berkshire crecieron un 26.6%. En épocas de crisis, “el efectivo es el Rey”, dicen. 

Así, Berkshire se convirtió en uno de los pocos y más grandes ganadores de la crisis “.com”, haciendo que las críticas se transformen en elogios. Sin embargo, estas mismas críticas y desconfianza se repitieron durante el pico de la burbuja inmobiliaria del 2007 y usted ya sabe lo que pasó en 2008 cuando todo se derrumbó: Buffett lo hizo de nuevo. Bueno, esta película la estamos viendo hoy mismo y por eso es momento de estar atento. Le cuento.   

Imagine que usted deposita $100 a Plazo Fijo en el banco, y luego de un año el banco le dice “¡Gracias por prestarme su dinero! Aquí se lo devuelvo con sus respectivos intereses”, y le devuelve ¡$99! ¡Menos de lo que usted le prestó! No tiene sentido, ¿verdad? Si el banco le ofreciera eso, usted no querrá depositarlo en el banco sino utilizarlo para cualquier otra cosa como consumir o invertir. Bueno, este es justamente el efecto que buscaba Estados Unidos para reactivar la debilitada economía luego de la crisis del 2008. 

Hoy el S&P 500 está en su máximo histórico gracias a que durante estos últimos 10 años la gente no quiso dejar su dinero estacionado en el banco así que consumió y compró acciones. Pero, ¿qué pasaría si algún día estos estímulos dejaran de ser efectivos? (¿Vió cuando el cuerpo se acostumbra a un remedio, y la dosis inicial ya no logra aliviar el problema? Bueno, eso) Si eso ocurriera, las acciones caerían. Nadie sabe cuándo ni cuánto. Puede ocurrir mañana o dentro de 3 años. Pero sí es seguro que en algún momento ocurrirá: los mercados se mueven en ciclos de alzas y bajas. 

Por eso, en la carta que Buffett escribió a sus inversores el 25 de Febrero de 2017 explicó:

Aproximadamente en cada década, nubes negras taparán los cielos económicos y por un breve período lloverá oro. Cuando esto ocurra, saldremos a juntarlo con fuentones, y no con cucharitas té” dice el inversor en la página 4 la carta.

Esos “fuentones” son los USD 128 mil millones que tiene preparados para el momento en que caigan fuerte los mercados. Cuando eso se dé, aparecerán las mejores oportunidades de la década, tal como cuando invirtió USD 5 mil millones en Bank of America después de la última crisis y multiplicó su inversión por 3 en muy poco años. Increíblemente, Buffett utilizó exactamente esta misma estrategia con fenomenal éxito en cada una de las crisis anteriores y ya dejó en claro que se está preparando para la que se viene.  

No importa lo que diga Trump. No importa quedarse afuera de los récords de los mercados. No importa si los inversores (pocos o muchos, grandes o chicos) pierden la fé. No es el trabajo ni el interés del inversor convencer a alguien, solo tiene que mostrar los resultados en el largo plazo.

Para estar dentro del 5% de los inversores que le ganan a los mercados, es necesario pensar diferente al 95% de los inversores, analistas o presidentes. Es necesario no depender de la aprobación ni de las críticas de los demás. Es necesario estar dispuesto a pasar por tonto en el corto plazo para obtener las ganancias en el largo plazo.  

Las críticas, las tensiones y las frustraciones son parte del folklore que antecede a los momentos importantes. Mientras algunos se enfocan en el 23% de suba del S&P 500, otros están unos pasos más adeante enfocados en lo que sucederá después.

Entonces, ¿Qué hacer cuando eso pase? Como se imaginará, no existe ninguna receta. Las oportunidades le llegarán al inversor cual pelota de tenis le llega a un jugador en el medio de la final de un torneo de Grand Slam. No hay forma de anticiparse. Solo es posible estar entrenado para correr, armarse y pegar fuerte cuando la pelota venga.  

Hoy, nosotros mismo manejamos nuestras inversiones con la misma estrategia de Buffett: acumulamos más de un 40% de nuestra cartera en efectivo (un poco más que el 36% que tiene Berkshire en este momento) y unas 150 empresas públicas y privadas que venimos siguiendo desde hace unos años, a la espera de actuar en el momento en que el mercado nos “lance” sus ofertas.

No sabemos cuándo ni cuales serán. Esta es la parte fascinante de las inversiones: para sentirse cómodo invirtiendo, es necesario sentirse cómodo con la incertidumbre, tal como cuando aprovechamos la imprevista caída de la bolsa argentina después de algunos años de espera, con “descuentos de hasta un 70%”  tal como analizamos en el artículo “La paciencia no es inacción. Es esperar al momento justo”

Recuerde: 

La paciencia es poder. La paciencia no es ausencia de acción, sino esperar el momento justo para actuar con los principios correctos y en la forma correcta”. Fulton J. Sheen

Sebastian Ortega, Director Ejecutivo de South Ventures

Twitter @sportega

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