El 80% del éxito está en lo que no se ve

Lo personal afecta lo profesional

Poco tiempo atrás escribimos sobre “La mejor apuesta de la historia” donde revelamos cómo el multimillonario inversor Bill Ackman ganó USD 2.6 mil millones en menos de 1 mes arriesgando apenas del 1% de ello durante la pandemia del COVID-19. Esa fue una jugada maestra sin precedentes que le valió a Ackman el primer puesto entre las apuestas más rentables que existieron, superando a los famosos USD 1 mil millones que ganó George Soros apostando contra la libra esterlina en 1992. Puede conocer más sobre ello aquí

Sin embargo, más allá de los fabulosos rendimientos que obtuvo Ackman en esa oportunidad, los últimos años no han sido los mejores de su carrera (me refiero a que sus resultados en general han sido realmente pésimos, desastrosos, pero lo puse de una manera más suave para una lectura más cómoda).

El fondo de inversión de Ackman arrancó con pérdidas de casi 50% poco después que salió a cotizar en la bolsa de valores en 2014 y no las pudo recuperar por media década, mientras que los mercados iban camino hacia la mejor racha alcista de la historia. Difícil de creer, ¿no?

Ackman declaró en una reciente entrevista que la complicada separación con su ex-esposa lo afectó emocionalmente, al punto de hacerlo tomar decisiones profesionales que terminaron resultando muy desfavorables para él y todos sus inversores. 

Las decisiones de inversión son particularmente muy sensibles a las emociones. Cuando se ponen en juego el dinero, la seguridad, y hasta el mismísimo futuro de una persona, las emociones -codicia, esperanza, miedo, euforia- nublan la razón haciéndonos reaccionar de formas que nunca hubiéramos imaginado en situaciones normales. Esta es la parte más subestimada de todas: mientras la gran mayoría de los inversores principiantes cree que invertir consiste en adivinar cual será a la acción ganadora (la que más suba) en los próximos meses, resulta que nada de eso es realmente importante en el largo plazo sino, principalmente, la estrategia y el control sobre las emociones.   

Anteriormente hemos hablado también de la peor inversión que Warren Buffett, el mejor inversor del mundo, hizo en su vida. Resulta que mientras él estaba desarmando su fondo de inversión para retirarse definitivamente de la actividad, quiso vender las acciones que le quedaban de una vieja compañía textil llamada Berkshire Hathaway. Pero durante la negociación de la venta se enfureció con el presidente de esa compañía y quiso darle su merecida lección (o “vengarse” como a usted le guste llamarle).

La “venganza” consistió en comprar más acciones de Berkshire y obtener así el control total de la compañía para poder echar por la puerta trasera a ese “malvado” presidente que intentó faltarle el respeto. Aquí le dejo un link al video en el que cuento los detalles de la situación mientras me encuentro frente a las mismísimas oficinas de Berkshire Hathaway en Omaha, EE.UU. donde Warren Buffett va a trabajar cada día. Puede ver el video en YouTube desde este link

El problema fue que, luego de echar al entonces presidente, Buffett pasó a ser el principal accionista de Berkshire y no le quedó más remedio que hacerse cargo él mismo de la compañía. Pero como no sabía nada sobre cómo administrar un negocio dedicado a la venta de ropa, Buffett fue convirtiendo poco a poco a Berkshire en el mayor conglomerado de inversiones del mundo que conocemos hoy. 

En un documental, Buffett contó que ese gran error -el peor de su vida- fue a causa de la conmoción emocional que sufría por entonces debido a la reciente muerte de su padre, que lo llevó a tomar decisiones de inversión que no eran habituales en él. 

Las situaciones personales llevaron a Ackman y a Buffett a tomar decisiones cuyas pérdidas debieron soportar por muchos años y con consecuencias que quedaron escritas para siempre en la historia de las inversiones (no hubiéramos podido disfrutar de los 55 años de Buffett al mando de Berkshire si no fuese por su gran error). 

Ellos no solo son profesionales, sino además son los más reconocidos en su campo y los más preparados para dominar los vaivenes emocionales que una persona experimenta habitualmente. Imagínese entonces cómo pueden afectar las situaciones personales a un inversor no profesional. ¿Qué hacer entonces?

Lo que importa es la filosofía

Cuando de adolescente empecé a ir gimnasio, me la pasaba buscando ejercicios para desarrollar los músculos (sí, ¡lo confieso!). Leía todo lo que había en internet, consultaba con amigos, y ponía en práctica todas las recomendaciones que encontraba. Sin embargo, los resultados no eran los que yo esperaba. 

Hasta que un día, ya un poco frustrado, decidí tomarme el asunto en serio y fui a consultar a un médico deportólogo (recuerdo que era el médico oficial del equipo de fútbol de Gimnasia de La Plata – aclaración para fanáticos de Estudiantes: los resultados deportivos obtenidos por el equipo de fútbol, no mantienen ninguna relación con la calidad profesional del médico) y me dijo:

“El 80% de los resultados que obtienes en el gimnasio, depende de tu alimentación y estilo de vida”

Puede ver más información en este link

¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? Quedé confundido. Definitivamente, no era la respuesta que estaba buscando. Yo fui a que me haga algún test y me dijera qué ejercicios hacer o qué suplementos dietarios tomar para ganar más músculo en menos tiempo, y no solo no me lo dijo, sino que encima me indicó una serie de cambios para todo lo que hacía durante las 23 horas que pasaba fuera del gimnasio (¡sin que nadie se lo pregunte!), como por ejemplo alimentarme de forma saludable -me dió un plan de comidas-, dormir 7-8 horas al día, y me preguntó si fumaba, si tomaba bebidas alcohólicas, y que le cuente sobre las cosas que me podrían causar estrés. 

Salí un tanto decepcionado de aquella consulta. Claramente, no hice caso a ninguno de sus consejos, pero el tiempo seguía pasando y los resultados no mejoraban. 

Dos años más tarde, un amigo me recomendó una serie de libros que me inspiraron a mejorar la alimentación y el descanso en pos de conseguir un mejor bienestar personal. Se trataba de mejorar el estilo de vida con nuevos hábitos, por tanto ya no perseguía objetivos de corto plazo, sino que ahora me concentraba en disfrutar el proceso sabiendo que en algunos años o décadas me encontraría en un mejor estado de salud.  

Pero curiosamente, poco a poco comenzaron a dar sus frutos todos los ejercicios que venía haciendo en el gimnasio. Nada pasó con el esfuerzo de un solo día, sino siendo constante a lo largo del tiempo. Sin querer, había puesto en práctica todos los consejos que me había recomendado el médico desde un principio, solo que en aquella oportunidad, yo no estaba preparado para escucharlos. 

En las inversiones pasa exactamente lo mismo. Cuando las personas comienzan a invertir, tienen la sensación que lo más importante de todo es anticiparse a comprar la acción ganadora (aquella más más subirá en los próximos meses), sin embargo, esto influye en no más del 20% del resultado final del inversor. Eso es apenas “la punta visible del iceberg”. 

El 80% del éxito viene de la filosofía que uno adopte y su constancia a lo largo del tiempo. Sobre esto específicamente ya escribió Warren Buffett en su famoso artículo: “Los superinversores de Graham & Doddsville” -puede leerlo aquí–. Básicamente, poco importa cuáles sean los nombres de las acciones que se elijan; un inversor puede tener más éxito que el 95% restante comprando acciones de empresas que tengan un crecimiento decente a un precio razonable (filosofía/estrategia) y las mantenga un tiempo suficiente (disciplina/control de emociones).  

Cuando Ackman y Buffett se vieron arrastrados por las emociones y olvidaron brevemente sus propias estrategias, cometieron los peores errores de su vida; y un solo error de este tipo es suficiente para destruir muchos años de aciertos (si a usted le gustan los ejemplos, vea el caso que escribimos sobre Softbank con WeWork en el artículo “La mayor decepción del año”).  

Por esta razón, nuestros artículos se enfocan siempre en ese 80% que más importa en el éxito del inversorsu filosofía y sus emociones, y dejamos de lado las discusiones sobre si conviene comprar la acción A o la acción B, o hacer predicciones sobre lo que pasará en los mercados. El portafolio resultante será, simplemente, la parte material/visible de esta filosofía… la punta visible del iceberg. 

Hoy, cualquier persona puede copiar el portafolio de cualquier superinversor (están disponibles gratis en internet). Pero por más que uno copie el portafolio de inversión de Warren Buffett, si uno no cuenta con una filosofía, un porqué, un horizonte de inversión adecuado y un entrenamiento de sus emociones, entonces sería lo mismo que hacer los ejercicios para biceps de Arnold Schwarzenegger nutriéndose con vino tinto antes, durante y después del entrenamiento. De esa forma, ni el portafolio ni el ejercicio sirven de nada.

Hoy, si alguien me pregunta cómo comenzar en el mundo de las inversiones, le diría algo parecido a lo que me dijo aquél médico cuando yo era adolescente:

“Inspirate, practicá, volvé a intentar, encontrá tu porqué, conocete, y acomodá tu vida para tomar las mejores decisiones posibles… como si tu futuro dependiera de ellas”

Sebastian Ortega, Director Ejecutivo de South Ventures

Twitter @sportega

2 thoughts on “El 80% del éxito está en lo que no se ve

  1. Excelente articulo Sebastian, tal cual, es así luego de algunos años este lobo solitario aprendió a regular el paso y no malgastar la energía, ahora aplico serenidad con conocimiento, paciencia con oportunidad y los resultados se van dando, saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías